Rayos X y Radiactividad

¿Qué son los rayos X?

Bueno, antes de responder a esa pregunta vamos con un poco de historia, como se origino el término ayudara a entender de que se trata todo esto.

¡vamos!

Wilhelm Konrad Roentgen (1845-1923) se interesó, en 1895, por el fenómeno luminoso asociado a los rayos catódicos. Para observarlo mejor, colocó el correspondiente tubo de Thomson dentro de una caja de cartón negro y oscureció la habitación del laboratorio. Al conectar el aparato quedó sorprendido al ver que, a bastante distancia del mismo, una hoja de papel recubierta de platinocianuro de bario, que utilizaba en sus experimentos, resplandecía. Al desconectar, se oscurecía, y volvía a lucir de nuevo al conectar otra vez. Dejó el aparato en marcha y, cogiendo la hoja de papel, fue a una habitación que se hallaba frente a la de su lugar de trabajo; cerró la puerta, y quedó aún más sorprendido al comprobar que, tras ella, la hoja seguía luciendo.

roentgen-0-small

El platinocianuro de bario, el sulfuro de cinc, la fluoresceína, etc., son sustancias fluorescentes. Tienen la propiedad de absorber parte de la radiación de corta longitud de onda (invisible) que incide sobre ellas y devolverla, simultáneamente, con una longitud de onda más larga (visible). Resultaba obvio que al funcionar el tubo se producía una radiación capaz de atravesar el cartón y la puerta. ¿Cuál? Roentgen no lo sabía, por lo que llamó a estas misteriosas radiaciones, rayos X.

Radiactividad

El físico francés Antoine-Henri Becquerel (1852-1908) se encontraba, en 1896, estudiando el fenómeno de la fluorescencia. Pensando que podía tratarse de emisiones de rayos X, se sirvió de un compuesto fluorescente que había preparado él mismo (sulfato doble de uranilo y potasio K2UO2(SO4)2•2H20), que colocó sobre una placa fotográfica envuelta en papel negro y a continuación expuso el conjunto a la luz solar, rica en radiaciones ultravioleta. Al revelar la placa observó que estaba velada. Llegó a la conclusión de que la sustancia fluorescente emitía rayos X, ya que la luz no podía atravesar el papel negro.

Un día que iba a repetir el experimento, nubes de tormenta cubrieron el sol. Desistió de su propósito y guardó la placa fotográfica, envuelta, debajo de la sal de uranio en un cajón de su escritorio. Como no luciera el sol durante varios días, decidió revelar la placa guardada, con la remota esperanza de encontrar impresa en ella algo de la radiación inicial del cuerpo. Quedó sorprendido al ver que estaba ennegrecida como en las otras ocasiones. Pudo comprobar que las radiaciones emitidas por la sal de uranio eran de distinta naturaleza que los rayos X, por lo que se llamó a estas radiaciones rayos Becquerel.

Los esposos Curie, Marie Sklodowska (1867-1934) y Pierre Curie (1859-1906), midiendo la intensidad de la radiación emitida por todos los elementos conocidos, encontraron que únicamente el corio y el uranio emitían estas radiaciones (actualmente se conocen 40). Llamaron a este fenómeno radiactividad. La intensidad de la radiación era proporcional a la cantidad de elemento emisor, de lo cual se concluyó que el fenómeno era una propiedad atómica. En sus investigaciones descubrieron dos nuevos elementos, el polonio y el radio.

1

Rutherford, en 1899, expuso a la acción de un campo magnético las radiaciones emitidas por un elemento radiactivo. Comprobó que estaban constituidas por dos tipos de partículas. Unas poco penetrantes y de naturaleza positiva, que llamó rayos α y unas segundas más penetrantes y de carácter negativo, que llamó rayos β. En 1900, Paul Ulrich Villard (1860-1934) repitió el experimento usando un campo magnético más potente. Comprobó que un porcentaje de la radiación no era desviado por éste. Se trataba de unos rayos similares a los X a los que Rutherford, en 1903, llamaría rayos γ a la vez que demostraría que consistían en ondas electromagnéticas.

Naturaleza de las radiaciones radiactivas

Los rayos a están formados por núcleos de helio (He); por tanto, tienen masa, son poco penetrantes y están cargados positivamente. Los detiene una finísima lámina de metal. Son muy energéticos y su velocidad, en general, oscila entre los 10000 y 20000 km/s; sin embargo, recorren espacios muy cortos en el aire, porque pierden energía al ionizarlo.

Los rayos ß corresponden a electrones dotados de gran velocidad. En algunos casos llegan a tener velocidades próximas a la de la luz. Son mucho más penetrantes que los rayos a, aunque menos energéticos ya que poseen una masa 7000 veces inferior.

Los rayos γ constituyen una radiación electromagnética con una longitud de onda extraordinariamente corta que se propaga a la velocidad de la luz. Pueden recorrer grandes distancias en el aire, y para detenerlos se requieren enormes espesores de plomo o de hormigón.

¡Si te gustó el artículo no dudes en dejar tu comentario aquí abajo!

ARTICULOS RELACIONADOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *